Más allá de la posición: qué miden realmente los rankings universitarios y cómo se ordenan las universidades chilenas
2 octubre, 2026Cuanto más inteligente se vuelve la tecnología, más importante resulta nuestra capacidad de ser humanos.
Los desafíos de la educación superior en tiempos de IA.
Habilidades humanas, liderazgo y aseguramiento de la calidad

La revolución está ocurriendo frente a nosotros
La historia de la humanidad ha estado marcada por transformaciones tecnológicas, económicas y sociales que han modificado profundamente la manera de vivir, aprender y trabajar. La primera revolución industrial impulsó la mecanización de la producción; la segunda expandió la electricidad y la producción en masa; y la tercera incorporó la informática, las telecomunicaciones y la automatización. Cada etapa abrió oportunidades y, al mismo tiempo, exigió nuevas capacidades para responder a entornos cambiantes.
En los tiempos de hoy, la convergencia entre tecnologías digitales, físicas y biológicas acelera aún más estos cambios. La inteligencia artificial, la disponibilidad masiva de datos, la robótica y otros desarrollos, amplían las posibilidades de análisis y transformación de los procesos. Sin embargo, también plantean interrogantes sobre la confianza, la ética y qué lugar habitan las personas en las decisiones.
Para las instituciones de educación superior, el desafío es doble: preparar a sus estudiantes para escenarios profesionales en evolución y, simultáneamente, transformar sus propias capacidades de gestión. No es suficiente actualizar programas formativos si las estructuras institucionales, los liderazgos y las prácticas de trabajo permanecen ajenos al cambio.
Una mirada desde la evidencia internacional.
El World Economic Forum (WEF, 2025), en New Economy Skills: Unlocking the Human Advantage, y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE, 2026), en A Skills-First Labour Market, abordan esta transformación desde perspectivas complementarias. El primero destaca la creciente importancia de las habilidades centradas en lo humano; el segundo propone avanzar hacia sistemas que reconozcan las habilidades efectivamente demostradas, sin depender exclusivamente de títulos o trayectorias formales como señales de competencia.
Estos enfoques convergen en una idea fundamental: la adaptación tecnológica exige, junto con capacidades digitales, competencias humanas y disposición al aprendizaje permanente.
La inteligencia artificial transforma el trabajo. La inteligencia humana le da sentido
Las conversaciones sostenidas en el evento People Day 2026 de Buk ofrecen una forma práctica de abordar este desafío. Una de las propuestas presentadas distinguía tres ámbitos de trabajo: tareas que la IA puede realizar de manera predominantemente autónoma; actividades donde la colaboración entre personas e IA amplifica las capacidades de análisis y ejecución; y responsabilidades que requieren especialmente criterio humano, como el liderazgo, la empatía, la construcción de confianza y el juicio ético.
Esta clasificación resulta útil como marco de reflexión, aunque no debe entenderse como una frontera tecnológica absoluta: las capacidades de la IA evolucionan y algunas tareas combinan elementos de los tres ámbitos. En educación superior lo esencial es determinar dónde la automatización agrega valor, cuándo corresponde mantener supervisión profesional y qué decisiones, particularmente aquellas que afectan a personas, deben conservar una responsabilidad humana clara, porque la transformación digital adquiere sentido cuando se vincula con la misión institucional, la calidad de los resultados y el bienestar de las comunidades educativas.
La calidad institucional comienza por quienes la hacen posible
En entornos altamente digitalizados, las habilidades humanas adquieren especial relevancia. La gestión del tiempo, la resolución de problemas, la comunicación, el liderazgo, la creatividad, el trabajo en equipo, la adaptabilidad y la ética permiten traducir información y herramientas tecnológicas en acciones pertinentes y responsables.
Estas capacidades no sólo deben promoverse en los estudiantes. También son necesarias en autoridades, directivos, docentes y equipos administrativos. La gestión institucional demanda personas capaces de interpretar datos críticamente, colaborar entre unidades, abordar conflictos, tomar decisiones fundamentadas y conducir cambios sin perder de vista a quienes integran la comunidad educativa. El liderazgo efectivo tiene aquí un papel decisivo. Implica generar confianza, orientar el trabajo hacia objetivos compartidos, promover espacios de aprendizaje y sostener una cultura de mejora continua.
La calidad no sólo se declara, se demuestra.
La transformación también interpela directamente al aseguramiento de la calidad. No basta con declarar que una institución desarrolla pensamiento crítico, colaboración o creatividad: es necesario demostrar cómo se enseñan, cómo se evalúan y con qué evidencia puede verificarse su logro.
La calidad no puede reducirse al cumplimiento de procedimientos ni a la disponibilidad de plataformas tecnológicas. Requiere una cultura compartida, liderazgos comprometidos, mecanismos de autoevaluación y decisiones sustentadas en evidencia válida. Asegurar la calidad del proceso educativo sigue siendo fundamental, pero debe complementarse con la credibilidad de los aprendizajes y habilidades que la institución declara desarrollar.
La cultura de calidad también es una cultura de aprendizaje.
Las instituciones enfrentan un escenario en el que las capacidades deben actualizarse de manera constante. Esto requiere favorecer oportunidades sistemáticas de formación, acompañamiento, coaching y aprendizaje colaborativo, tanto para estudiantes como para los equipos responsables de conducir la organización.
Una educación superior de calidad necesita combinar la conexión con el entorno productivo y social con capacidades de largo plazo. Desde esta perspectiva, el aseguramiento de la calidad puede convertirse en una infraestructura de confianza: permite definir estándares, recoger evidencia, reconocer brechas y orientar acciones de mejora.
Cuanto más inteligente es la tecnología, más humana debe ser nuestra visión.
La incorporación de inteligencia artificial abre oportunidades para que las instituciones de educación superior trabajen con mayor información, eficiencia y capacidad de anticipación. Pero su contribución dependerá de las preguntas que orienten su adopción, de los procesos que se decida transformar y de la calidad del liderazgo que acompañe esos cambios.
El desafío no consiste en elegir entre tecnología y personas. Consiste en construir instituciones que sepan integrar ambas dimensiones, desarrollando equipos capaces de colaborar, interpretar, innovar y ejercer juicio responsable.
En una era de hiperdigitalización, la cultura de calidad, la efectividad institucional y el liderazgo humano no pierden relevancia: se convierten en las condiciones que permiten transformar el avance tecnológico en verdadero progreso educativo y social. Porque, al final, la excelencia no se mide por la inteligencia de las herramientas que incorporamos, sino por el valor que somos capaces de crear con ellas.
-
World Economic Forum (2025). New Economy Skills: Unlocking the Human Advantage.
-
OECD (2026). A Skills-First Labour Market.
-
People Day de Buk (2026). Ideas recogidas de presentaciones sobre liderazgo, inteligencia artificial y habilidades humanas.
